8 enero, 2026

El «gracias» de León XIV a los niños y jóvenes que rezan por los misioneros

«Quiero saludar y dar las gracias a todos los niños y jóvenes que, en muchas partes del mundo, rezan por los misioneros y se comprometen a ayudar a sus coetáneos más desvalidos. ¡Gracias, queridos amigos!». Con estas palabras, el papa León XIV ha querido expresar su «gracias» a los niños y jóvenes implicados en la red de oración y caridad animada en todo el mundo por la Obra Pontificia de la Infancia Misionera.

El Pontífice ha pronunciado estas palabras tras el rezo de la oración mariana del Ángelus, asomado desde la logia central de la Basílica Vaticana, con ocasión de la solemnidad de la Epifanía, que -como ha recordado el Obispo de Roma- es también la fiesta litúrgica en la que se celebra «la Jornada Misionera de los Niños».


Antes del rezo del Ángelus, dirigiéndose a la multitud reunida en la Plaza de San Pedro a pesar de la lluvia, el papa Prevost ha recordado que la Epifanía, «ya en su nombre, nos sugiere lo que hace posible la alegría incluso en tiempos difíciles».


La solemnidad litúrgica de la Epifanía, palabra que, en su etimología griega, significa «manifestación», celebra la primera revelación del Misterio de la salvación de Cristo a todos los pueblos, simbolizados por los Reyes Magos que llegaron desde lejos hasta Belén para adorar al Niño Jesús. Después de que Dios asumiera la carne humana y se hiciera hombre en Cristo Jesús –ha explicado el Papa antes de rezar el Ángelus– «nuestra alegría nace de un Misterio que ya no se encuentra oculto. La vida de Dios se ha revelado: muchas veces y de diferentes maneras, pero con definitiva claridad en Jesús, de modo que ahora sabemos, a pesar de muchas tribulaciones, que podemos tener esperanza. «Dios salva: no tiene otras intenciones, no tiene otro nombre. Sólo lo que libera y salva viene de Dios y es epifanía de Dios».

En el misterio del nacimiento de Jesús, que con la Epifanía comienza a manifestarse a todos los pueblos –ha subrayado el Pontífice en la breve catequesis– «la vida divina está a nuestro alcance, se ha manifestado para involucrarnos en su dinamismo liberador que disipa los miedos y nos hace encontrarnos en la paz. Es una posibilidad, una invitación: la comunión no puede ser impuesta, pero, ¿qué más se podría desear?».

Además, retomando el relato evangélico del viaje de los Reyes Magos, el Sucesor de Pedro ha destacado que «la esperanza que anunciamos debe tener los pies en la tierra: viene del cielo, pero para generar aquí abajo una historia nueva». En los dones de los Magos –ha añadido– «vemos, pues, lo que cada uno de nosotros puede poner en común, lo que ya no se puede guardar para sí mismo, sino compartir, para que Jesús crezca entre nosotros. Que crezca su Reino, que se cumplan en nosotros sus palabras, que los extraños y los adversarios se conviertan en hermanos y hermanas, que en lugar de las desigualdades haya equidad, que en vez de la industria de la guerra se afirme la artesanía de la paz».

Crédito de la nota: Agencia Fides.