“Soy de Ilebo en el centro de la República Democrática del Congo”, cuenta la hermana Jeanette, “Mi madre y mi padre, eran cristianos católicos. Mi mamá era de la Legión de María y yo, a la edad de 12 años, también me metí, siguiendo los pasos de mi madre. Era la Legión Junior Legión de María y hoy yo puedo decir que debo mi vocación misionera a la Legión de María. Ahí teníamos el apostolado los fines de semana. Eran días de ir a visitar a los enfermos, a la gente que no tiene quién la atienda. Eso fue cultivando en mí esa sed de servir a los demás”.
Cuenta por qué decidió entrar en su congregación: “El nombre solamente, Misioneras de Cristo Jesús, m llamó la atención. Me gustó, me sentí identificada ese nombre, aunque no las conocía. Vivían como a 200 kilómetros de mi pueblo”. Un año después, “pasó por ahí un cura y me preguntó qué quería yo”. Aquella niña congoleña no dudó en decirle: “Quiero ir con unas monjas que no conozco”. El sacerdote le dio la dirección y ella les escribió una carta”. Semanas después la superiora provincial de las Misioneras de Cristo Jesús, que estaba de paso por allí. La invitó a conocer cómo vivían. Las hermanas estaban en plena selva, así que tuvo que esperar la finalización del año escolar. Reconoce que la primera impresión la deprimió un poco, porque la casa de las hermanas era de paja y tierra. “Señor, dónde estoy”, se dijo.
Una hermana belga le explicó que no estaban muy seguras de que fuera a venir, dadas las distancias y lo intrincado de la selva. Le enseñaron un cuarto, que ella misma tuvo que preparar, barriendo y quitando telarañas. Y así se quedó dando clases en una escuela que tenían. “Fueron los nueve meses más felices de mi vida”, no duda en reconocer la hermana Jeanette. “Me encantó. Comencé allí una Legión de María Junior con las jovencitas”. También pescaba y hacía carbón de leña, como le había enseñado su madre, e iba al campo. Cuando pasaron los nueve meses, fue al noviciado. Su madre le dijo que se portara bien, “porque, sabes, a las monjas que se portan mal las envían lejos”. Tras el noviciado la enviaron a una comunidad más al sur. “Estuve ahí tres años y luego me destinaron a Venezuela”. La hermana había pedido ir a Japón o a Chile.
La hermana Jeanette explica que lo más le ha gustado de la vida misionera es la evangelización, “dar a conocer ese amor de Dios Padre a todos los hombres, saliendo de lo conocido hacia lo desconocido. Allí, encontrarnos con esa gente”. El primer impacto con la misión en Venezuela fue increíble y casi milagroso. Una hermana española la llevó al barrio donde debía trabajar: “Este será tu barrio, tu lugar de misión. Cuando me dijo eso, yo mire y me entró el pánico. Me entró mucho miedo porque era un sitio desértico, con casas de latas. No había tendido eléctrico, no había carretera, todo era tierra y la gente hablaba en un idioma que yo me decía: hablan en portugués o en castellano”. Había una señora barriendo y cuando la vio se quedó paralizada. Llamó a su hija Ingrid, a la que le dijo: “Ingrid, ¿qué te dije yo esta mañana? Ingrid me mira, la mira y dice: Sí, mamá, sí. ¿Pero qué te dije yo?”. Y ante la sorpresa de la hermana Jeanette aquella mujer le dijo: “Yo te vi esta noche. Yo soñé contigo. ¿Y qué soñaste? Tú me dijiste que venías de lejos e ibas a trabajar aquí”. Gracias a esa señora, puedo entrar a evangelizar a aquellas personas. Algo que habría sido imposible, si alguien no sirve de introductor. “Esta señora fue mi mentora. Me llevaba de casa en casa diciendo: a esta la envió Dios, a esta la envió Dios. Recíbanla”.
La misionera reconoce que hay que confiar en Dios: “¿Por qué no creer? ¿Por qué no confiar?”. Es sentir “esa ternura como en el Evangelio que nos dice: cuando uno tiene ovejas, 100 ovejas, una se pierde”. Esa ternura “me hace vivir en la confianza permanente”.
Crédito de la nota: OMPRESS.

Más historias
Desde la Escuela de la Paz, un mensaje de hermandad para el Papa
Los “invisibles” del “Hogarcito de Niños Especiales” de Arequipa, amados como hijos
Dicasterios del vaticano publican guía para vivir la ecología integral en familia