El cuidado de los niños y los jóvenes ha sido una parte esencial de la misión de las hermanas en Jerusalén desde sus inicios. Desde hace casi cuarenta años, se ocupan de 140 niños palestinos de entre tres y seis años. La mayoría procede de Jerusalén Este y de la Ciudad Vieja, y es de religión musulmana. Alrededor de una quinta parte pertenece a diferentes confesiones cristianas.
El programa educativo acerca a los niños a las culturas de pueblos y religiones diferentes. Las hermanas intentan enseñarles a respetar sus propias tradiciones y las de sus vecinos. En diciembre, a los niños les encanta aprender villancicos en árabe, inglés y alemán; durante el Ramadán, se divierten haciendo farolillos. Las hostilidades que estallaron en Oriente Medio en 2023 han asestado un golpe a esta frágil paz: la guerra deja su huella, sobre todo, en los niños.
En un contexto tan difícil, las hermanas les ofrecen un lugar seguro y acogedor, donde pueden recuperar la serenidad, aprender y simplemente ser niños. Los cuidados llenos de cariño, la estabilidad, las actividades creativas y el apoyo emocional les ayudan a recuperar la alegría, a reforzar su capacidad para afrontar las dificultades y a cultivar la esperanza en un futuro de paz.
A los cinco o seis años se forman en el cerebro los primeros circuitos a través de los cuales los niños construyen su propia imagen del “otro”. Si a esa edad un niño conoce a un musulmán o a un cristiano como el compañero con el que juega y comparte los juguetes en el arenero, en lugar de como un enemigo visto en la televisión, al odio le resulta mucho más difícil encontrar espacio en su corazón.

Miedo y euforia
“Cuando, dos semanas después del inicio del conflicto armado, se permitió que las escuelas y las guarderías de Israel volvieran a abrir”, cuenta sor Gabriela Zinkl SMCB, “nosotras también volvimos a abrir, con sentimientos encontrados: miedo y euforia. Miedo, porque no sabíamos cómo reaccionarían nuestros vecinos israelíes ante la presencia de los niños de las familias árabes. Euforia, porque en cuanto se anunció la reapertura, los padres respondieron positivamente y los niños volvieron en gran número desde el primer día. Para muchos, nuestra decisión ha sido una señal importante del regreso a la vida normal. Había alguien que los acogía sin juzgarlos”.
Las monjas tuvieron que prescindir de los guardias de seguridad árabes que trabajaban para ellas: temían que su presencia pudiera ser percibida como una provocación por los vecinos judíos. Así pues, empezaron a vigilar la entrada de la escuela por turnos, con hábitos religiosos y sin armas. “Contrariamente a nuestros temores”, continúa sor Gabriela, “la respuesta ha sido extraordinaria. Nuestros vecinos israelíes estaban orgullosos de nosotros y se emocionaron hasta las lágrimas al volver a oír a los niños cantar y reír”.

“¡Estoy tan contenta de volver a la guardería! ¡Sabes, en nuestra casa hay una guerra!”
En la escuela infantil, las hermanas procuran mantener la rutina diaria habitual y fomentar el diálogo intercultural e interreligioso entre los niños confiados a su cuidado. “El 7 de octubre de 2023 fue una conmoción terrible”, afirma sor Daniela Gabor SMCB, superiora de la comunidad de Jerusalén. “De repente, la confianza que existía antes se hizo añicos. Precisamente por eso nos ha parecido aún más importante crear oasis de confianza en los que refugiarse en medio de esta agitación general”.
Las palabras de un niño muestran hasta qué punto la escuela se ha convertido en un “oasis de paz” para los más pequeños de Jerusalén: “¡Estoy tan contento de volver a la guardería! ¡Sabes, en nuestro país hay una guerra!”.
En Jerusalén, las hermanas borromeas viven en una comunidad internacional, formada por religiosas alemanas, rumanas y árabes. Su propia presencia en esta tierra es un testimonio elocuente. “Para nosotras es natural vivir juntas sin dar importancia a nuestros orígenes”, afirma sor Daniela. “Nos une una base común: los valores cristianos. La diversidad de culturas nos enriquece. Con el ejemplo de una vida cotidiana basada en la amistad y el respeto, esperamos ayudar a las personas que conocemos a comprender que la convivencia pacífica es posible en cualquier lugar donde personas de diferentes nacionalidades se encuentren y vivan juntas”.
Crédito de la nota: Vatican News.

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