«¡Jóvenes de todo el mundo, vengan a Hiroshima! Los supervivientes de las bombas atómicas lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki necesitamos contarles lo que vivimos hace ochenta años. Con nuestra experiencia podemos transmitir un mensaje de paz». Con un entusiasmo dulce e irrepetible, Toshiyuki Mimaki, copresidente de la organización japonesa Nihon Hidankyo, premio Nobel de la Paz del 2024, lanza este llamamiento en una entrevista con los medios de comunicación vaticanos.
¿Qué significa perdonar?
Después de viajar durante casi treinta horas, Mimaki intervino en la 46ª edición del Meeting de Rímini, en una mesa redonda dedicada a los hibakusha, literalmente «los que han sido afectados por el bombardeo». Mimaki tiene hoy 83 años. Y hace ochenta años, el 6 de agosto de 1945, los aviones estadounidenses lanzaron la bomba atómica sobre Hiroshima, provocando una ola de calor de 60 millones de grados centígrados, vaporizando plantas y animales y matando a 150 mil personas. Toshiyuki, que entonces era un niño de sólo tres años, sobrevivió. Y no sólo a la bomba atómica.
Sobrevivió a los rayos de calor, a las ondas de choque, a la muerte de amigos y familiares, a las verduras contaminadas, a los dedos rotos de su mano derecha. Y hoy, mientras en el mundo las amenazas nucleares vuelven a manifestarse con fuerza a través de guerras y conflictos, a través de la incapacidad de dialogar y escucharse mutuamente, su testimonio de paz por una experiencia de paz auténtica es aún más apremiante. Aunque, en el fondo, hay dos términos que parecen estar poco de moda: perdón y reconciliación.
«Es cierto que en la vida cotidiana no es fácil perdonar – nos confiesa Mimaki – pero el perdón debe verse como un punto de partida. Perdonar es como escalar una montaña. Y allí, una vez alcanzada la cima, encontraremos más paz, más amigos, más calma».
«Los políticos deben ejercer el autocontrol y, aunque sus ideologías difieran, los países deben llevarse bien entre sí, de lo contrario las guerras nunca terminarán. Una guerra sigue a otra. Y quienes sufrirán serán las poblaciones, especialmente los niños».
Las armas nucleares y la humanidad no pueden coexistir
Sin embargo, además del contexto bélico en el que nos encontramos hoy en día, la abolición de las armas nucleares también ha avanzado lentamente: «En 2017, las Naciones Unidas firmaron el Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares, pero los Estados que poseen armas atómicas no han firmado ni ratificado nada», recordó Mimaki durante su intervención en el Meeting, centrándose especialmente en el papel de la fundación Nihano Hidankyo.
«Afirmamos que las armas nucleares y la humanidad no pueden coexistir. Esto no sólo se refiere a las armas, sino también a la energía nuclear utilizada con fines pacíficos: el plutonio tarda 25 mil años en volverse inocuo. Debido al plutonio y al uranio contenidos en la bomba, hemos enfrentado dificultades extremadamente duras, dolorosas y tristes que las generaciones jóvenes de hoy ni siquiera podrían imaginar».
«El único deseo de los supervivientes es que nunca más haya otros supervivientes de la bomba atómica. Para que esto suceda, no debemos rendirnos nunca. Debemos transformar el dolor en advertencia, el sufrimiento en esperanza, la tragedia en compromiso».
Crédito de la nota: Vatican News.
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