Fue construida en 1928 con elementos que presentan influencias neorrománicas y góticas francesas, con columnas de mármol y una torre de planta cuadrada con la cruz en la punta. La construcción se pensó para resistir fuertes tifones y vientos, porque se alza en el monte Phnom Bokor, de 1.081 metros, la cima más alta de las montañas Elefante. A sus pies se encuentra el Parque Nacional Preah Monivon. Las autoridades coloniales francesas utilizaban el lugar como centro vacacional, y allí se ubicaban residencias e incluso un casino. El pueblo, las villas y la iglesia fueron abandonadas en los años cuarenta del pasado siglo cuando la guerrilla camboyana hizo la zona insegura. Tras la marcha de los franceses con la independencia en 1953, la iglesia asistió a las violencias que asolaron esta región a 200 kilómetros al suroeste de Phnom Penh, la capital camboyana. En 1975 se hacía con el poder el dictador Pol Pot y los jemeres rojos comunistas. El régimen asesinó a dos millones de camboyanos entre 1975 y 1979, una cuarta parte de la población.
La iglesia de Bokor, debido a su estratégica ubicación en la cima de una montaña, fue utilizada como fortaleza y búnker de municiones por los Jemeres Rojos. Fue entonces testigo de la guerra camboyano-vietnamita de 1977 a 1991. Dos regímenes comunistas, uno apoyado por la Rusia soviética, Vietnam, y el otro por la China maoísta, Camboya, que volvieron a causar más sufrimiento. La guerra puso fin a la Camboya de Pol Pot. El país no se abriría al mundo hasta 1993.
La Iglesia de Bokor, que tiene las cicatrices de este pasado con los impactos de bala visibles en las paredes, es la segunda iglesia católica más antigua que aún se conserva en Camboya. En diciembre de 2017, el gobierno entregó oficialmente la propiedad de la iglesia y los terrenos circundantes a la Iglesia Católica.
Se intenta que para el año 2028, el año de su centenario, esté totalmente reconstruida y se convierta en un símbolo de resistencia, renacimiento y reconciliación, tras un siglo por el que han pasado las fiestas coloniales, la agitación de la guerra civil, el genocidio, la ocupación vietnamita y la virtual aniquilación de la fe católica. Cuando los primeros misioneros regresaron en 1989 a un país traumatizado apenas quedaban 3.000 católicos vivos.
“Estamos resucitando las ruinas no solo como un monumento histórico, sino como una iglesia viva: un santuario en la cima de la montaña para la oración, la peregrinación y la evangelización en un espíritu de reconciliación y esperanza” explica a UCA News el padre Will Conquer, miembro del equipo que está llevando el proyecto de renovación de la iglesia. “El objetivo es un renacimiento litúrgico completo: misas, bodas, retiros”, explicaba este sacerdote de la Sociedad de Misiones Extranjeras de París, tan ligada a la evangelización de Camboya. Se trata de transformar “este lugar en un faro de fe para la pequeña pero vibrante comunidad católica de Camboya”. Además de su misión religiosa y sus funciones turísticas y culturales, la iglesia también promoverá la responsabilidad ecológica en el contexto del Parque Nacional Preah Monivong Bokor, que abarca 1.544,58 km². El misionero añade que “el proyecto prioriza el estricto respeto ecológico: control de la erosión, plantación de especies autóctonas, fomento de la biodiversidad y una mínima huella ambiental”. Se busca integrarla “armoniosamente con el ecosistema brumoso de la montaña”.
Gaspar da Cruz, un misionero dominico portugués, fue el primero en llevar la fe católica a tierras camboyanas, en 1555. A pesar de la colonización francesa en el siglo XIX, el cristianismo tuvo poca influencia en el país. Según las estadísticas de la Santa Sede, en 1953 había 120.000 católicos en Camboya, de los que 50.000 eran vietnamitas, lo que convertía al cristianismo en la segunda religión más numerosa en aquel momento. En 1975, con la llegada los Jemeres Rojos al poder el país sufrió un verdadero genocidio que acabó con millones de personas. La Iglesia camboyana fue perseguida y prácticamente aniquilada. El 14 de abril de 1990, se considera el día de la Resurrección de la Iglesia camboyana. Aquel día, el padre Émile Destombes, sacerdote de las Misiones Extranjeras de París, que había sido misionero antes de la persecución, pudo celebrar la Vigilia Pascual en un cine de Phnom Penh.
Crédito de la nota: OMPRESS.

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