Ante el problema de la enfermedad mental, la Iglesia no puede limitarse a «respuestas ocasionales o reactivas». Es necesario desarrollar un «ministerio estable, competente, compasivo y preventivo» que pueda no solo cuidar de la persona en su totalidad, sino que lo haga con competencia, valiéndose de «agentes pastorales preparados», de la «colaboración con los profesionales de la salud», con una «atención a la prevención del suicidio» y apoyando a las familias. Este es el tema central del Mensaje, firmado por sor Alessandra Smerilli, FMA, prefecta del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, con ocasión de la Jornada Mundial de la Salud Mental, que se celebra mañana, 10 de octubre.
En el centro de la misión de la Iglesia
El Dicasterio, prosigue el Mensaje, invita a «comprometerse de manera significativa» en el cuidado de quienes sufren trastornos psíquicos y a colaborar con la Iglesia y otras instituciones «para definir políticas, servicios y resoluciones». Siguiendo la intención de oración para el mes de octubre de León XIV —difundida por la Red Mundial de Oración del Papa—, que el Pontífice ha querido dedicar precisamente a la salud mental, sor Smerilli puntualiza que la solicitud hacia quienes sufren fragilidades mentales «no es una cuestión marginal, sino parte integrante del corazón de la misión de la Iglesia».
Categorías de alto riesgo
El Mensaje identifica dos situaciones particularmente expuestas a la aparición del malestar mental. «La primera —se lee en el texto— se refiere a las personas que viven crisis humanitarias —guerras, migraciones forzadas, inestabilidad política, desastres ambientales y pobreza estructural—, que dejan traumas profundos en los individuos y en las comunidades». Después están los jóvenes, cuyo sufrimiento puede derivar de la «presión social», de la «incertidumbre económica» y del «aislamiento». Dos contextos muy diferentes, pero unidos por el ambiente emocional del que emerge la fragilidad, caracterizado por la falta de «seguridad, relaciones, sentido y esperanza».
Durante su viaje apostólico a España, en la vigilia de oración en el Estadio Olímpico «Lluís Companys» de Barcelona —citado por el Mensaje—, el Obispo de Roma, dirigiéndose a los jóvenes, subrayó cómo precisamente las «sociedades que se consideran avanzadas» representan una amenaza para la salud mental, puesto que, evidentemente, añadió el Pontífice en aquella ocasión, «hay algo profundamente equivocado en cierta idea de crecimiento». A esto se añade que «una visión limitada del progreso» ha «hecho a las personas inconscientes, e incluso indiferentes, al bienestar mental de los demás».Un desafío pastoral urgente
«Las heridas interiores, emocionales y relacionales representan una de las dimensiones más profundas del sufrimiento humano», escribe sor Smerilli, hasta el punto de que ya no puede ser considerado un fenómeno ocasional o periférico que la Iglesia pueda ignorar. «Las parroquias, las escuelas, las comunidades religiosas y las pequeñas comunidades eclesiales —se lee en el Mensaje— son a menudo los lugares en los que las personas llevan su propio sufrimiento y buscan un oído atento, un acompañamiento y un apoyo en los momentos de vulnerabilidad psicológica. En consecuencia, en muchas Iglesias locales la salud mental está surgiendo como uno de los desafíos pastorales más urgentes».
Un aspecto del bienestar de la persona que es «parte del desarrollo humano integral», que debe tener en cuenta no solo las necesidades materiales —concluye el Mensaje—, sino también las exigencias de la «vida intelectual, moral, espiritual y religiosa».
Crédito de la nota: Vatican News.

Más historias
Tierra Santa, las hermanas borromeas de Jerusalén siembran la paz
España: En Málaga el Evangelio llega a los jóvenes de las periferias
Jornada de alegría para la Iglesia en Qatar: inaugurada la Pontificia Obra de la Infancia Misionera