26 septiembre, 2022

«Para detener a los yihadistas es necesario dar un futuro a los jóvenes»

«No puede haber víctimas de clase A y de clase B. La respuesta a los yihadistas no puede ser sólo militar, sino que es necesario dar esperanza a los jóvenes que de otro modo se verían tentados por el reclutamiento en las filas yihadistas».

Estas son algunas de las declaraciones realizadas por monseñor Juliasse Ferreira Sandramo, obispo de Pemba, diócesis situada en Cabo Delgado, provincia del norte de Mozambique desestabilizada desde hace varios años por los rebeldes que se han unido al Estado Islámico.

La insurgencia yihadista se ha extendido recientemente a la vecina provincia de Nampula, donde en el asalto a la misión de Chipene en la noche del 6 de septiembre, fue asesinada la hermana Maria De Coppi.

Monseñor Sandramo, que está de visita en Portugal, explica que desde el comienzo de la guerra en Ucrania, la falta de apoyo del Programa Mundial de Alimentos (PMA) se ha hecho sentir en Cabo Delgado. Hasta ahora, el PMA ha realizado un trabajo extraordinario, subraya el obispo, llevando ayuda humanitaria a las zonas con necesidades urgentes, logrando un resultado excepcional: ninguna muerte por inanición entre los desplazados por la violencia. Sin embargo, el fin de la ayuda pone en peligro a más de 850 mil desplazados, prosigue el obispo de Pemba, señalando que se han sumado ocho mil nuevos desplazados como consecuencia de los últimos ataques.

«Sin la ayuda de la comunidad internacional, no se puede hacer nada», dice el obispo Sandramo, que subraya que Mozambique debe seguir siendo una prioridad mundial. «No puede haber víctimas de primera y de segunda clase».

En cuanto a la resolución del conflicto, el obispo de Pemba considera equivocada la estrategia seguida hasta ahora de abordarlo sólo desde el punto de vista militar. Es importante «ofrecer horizontes» a los jóvenes, que son potenciales objetivos de reclutamiento para los yihadistas.

«Es fundamental crear puestos de trabajo, eliminar la pobreza, ofrecer oportunidades», continua el obispo Sandramo, porque «hay que evitar que la gente se pierda, creando esperanza. Una respuesta exclusivamente militar puede eliminar a dos, tres o cuatro yihadistas, pero no evitará que se sigan reclutando».

Para el obispo de Pemba, es necesario un gran trabajo de prevención, integrando las fuerzas vivas, es decir, los líderes religiosos y los dirigentes locales. «El Gobierno debería adoptar un enfoque más progresista y hablar con los líderes musulmanes y católicos», dice el obispo, que recuerda que «nunca ha sido convocado a una reunión con las autoridades para estudiar cómo resolver el conflicto».

El problema de la alimentación no es el único que hay que abordar. La violencia ha obligado a cerrar muchas escuelas y centros de salud. En los centros de acogida de desplazados, las escuelas preparadas para recibir a mil niños tienen que recibir ahora a tres mil. Y muchos niños ni siquiera tienen la motivación para ir a la escuela. Los más pequeños se ven privados de un futuro.

Crédito de la nota: Agencia Fides.