Camboya avanza a gran velocidad. Es un país del sudeste asiático en crecimiento, con una economía dinámica, donde los conflictos del pasado se disuelven en las esperanzas del futuro. Sin embargo, no todos tienen los mismos derechos ni las mismas oportunidades. Hay zonas rurales desfavorecidas y existen obstáculos particulares para los niños con discapacidad.
Pero también hay un modelo, una escuela que acoge y ayuda a crecer, explica fray Brian Kinsella, presidente de la Solidaridad Marista en Camboya.
«Las infraestructuras del país no eran buenas y desplazarse hasta la escuela en silla de ruedas o teniendo dificultades de movilidad, por ejemplo, por caminos embarrados, era imposible», recuerda el misionero al hablar de los comienzos, en los años noventa. «Aquellos niños y niñas eran las personas que se quedaban atrás».
El centro se encuentra en Ta Khmau, a las afueras de la capital, Phnom Penh, y se llama LaValla School. Allí trabajan maestros que enseñan por vocación y saben estar cerca de sus alumnos. Y a veces ocurre que uno acaba metido en el agua: «La piscina se ha convertido en una parte muy importante del programa de rehabilitación», explica fray Kinsella, «ofrece a los niños la posibilidad de fortalecer la musculatura, ya que, por lo general, hacen poco ejercicio porque, en ocasiones, están obligados a permanecer en una silla de ruedas».

Fotografías de los alumnos, sonrientes en sus pupitres, son compartidas por la Fundación Marista para la Solidaridad Internacional: una ONG de la federación Focsiv que trabaja en distintos países para garantizar que se respeten los derechos de todos los niños.

El compromiso con la escuela LaValla también es posible gracias a los fondos del 8xmille destinados a la Iglesia católica. El valor de esta experiencia resulta aún más evidente en el contexto de Camboya.
Según el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), en las escuelas del país están matriculados alrededor de 30.000 alumnos con discapacidad. Muchos otros, en cambio, siguen excluidos de una educación de calidad.
A escala mundial, Camboya es uno de los países con la mayor brecha en la asistencia escolar y de finalización de los estudios. En los centros de educación primaria, la tasa de niños sin escolarizar alcanza el 61 % entre los niños con discapacidad, frente a tan solo el 4 % entre sus compañeros sin discapacidad.

La escuela LaValla es una posible respuesta de solidaridad, se aprecia en las miradas de los alumnos y también en una fotografía tomada en el patio: quien empuja las sillas de ruedas, colocadas en fila una detrás de otra como si fuera un juego, es un compañero de clase.
Crédito de la nota: Vatican News.

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