29 julio, 2026

Carmina y la depresión contada al Papa: su abrazo, un bálsamo para el alma

A poco menos de dos meses de su testimonio ante León XIV, en el estadio de Barcelona, la joven recuerda cómo salió de la oscuridad de la enfermedad que la llevó incluso a intentar suicidarse. «La cabeza empieza a jugarte malas pasadas, la sonrisa se convierte en un muro, llegas a pensar que vales menos que una piedra y te olvidas de ti misma». La ayuda, aunque tardía, llegó gracias a las terapias, a la música y a aquella cita diaria para asistir a Misa.

Profesora española de 35 años, Carmina Santamaría Tejada decidió romper el tabú de hablar sobre salud mental. Su historia llegó hasta el Papa gracias a una conversación con el sacerdote responsable de la pastoral juvenil con la que colabora en Barcelona. “¿Te gustaría hacerle una pregunta al Papa?”, le propuso. Así nació el encuentro que ella recuerda como “un momento de descanso para el alma”.

“Fue un abrazo realmente cálido, un abrazo que me dio consuelo, como cuando estás cansado y, de repente, alguien te abraza y tu peso desaparece, tu peso emocional, tu carga…”, relata sobre aquel momento con León XIV. Para Carmina, sentirse comprendida y acogida fue una experiencia de profunda cercanía y consuelo.

Su recuperación llegó después de años de sufrimiento y gracias a la ayuda profesional, pero también encontró apoyo en la fe y en la música. Durante la pandemia, cuando atravesaba uno de los momentos más difíciles, tenía una cita diaria con el Señor en la Misa. “Pasaba todo el tiempo de la Misa llorando, porque ya no podía más. Y, sin embargo, decía, antes de irme: “Señor, nos vemos mañana. Señor, volveré mañana, ‘resistiré un día más'”.

La música fue también para ella una vía de desahogo y una herramienta terapéutica. Cantar, tocar la guitarra o el piano le permitía expresar sus emociones y recuperar poco a poco la tranquilidad.

Carmina reconoce que pidió ayuda demasiado tarde. Uno de sus hermanos la animó a buscar apoyo específico después de casi tres años de sufrimiento. Ahora ha recuperado la alegría de vivir y mira su experiencia desde una nueva perspectiva, consciente de que el dolor no debe espiritualizarse y de que es necesario pedir ayuda.

Como profesora, esta experiencia la lleva también a mirar con preocupación la situación de muchos adolescentes. “Estamos muy conectados, pero de una manera muy superficial”, afirma. A su juicio, muchos jóvenes viven aislados detrás de una apariencia de bienestar y no encuentran personas en quienes confiar cuando atraviesan momentos de dolor.

“Tengo miedo por mis alumnos”, confiesa. Percibe en ellos mucho sufrimiento silencioso y una enorme presión por ser “bellos, perfectos, interesantes” y estar a la moda. Frente a ello, considera fundamental recuperar valores como la empatía y el respeto, así como aprender a aceptar la propia fragilidad.

La historia de Carmina es también una invitación a no ocultar el sufrimiento y a reconocer la importancia de pedir ayuda. Después de haber atravesado la oscuridad, hoy se compromete a acompañar a otros y a contribuir, desde su trabajo y su experiencia, a construir una sociedad más humana.

Crédito de la nota: Vatican News.