Encontrar esperanzas en medio de un país colmado de visicitudes puede parecer una tarea prácticamente irrealizable pero, la verdad, es que en los escenarios más nefastos, es dónde la más pequeña de las virtudes se hace grande. Así es como nace la misión de las Hermanas del Amor de Dios, con el propósito de llevar la esperanza y el amor de Cristo a los lugares donde más lo necesitan.
En Mozambique, Cabo Verde y Angola, se hallan extendidos diversos centros de formación que pertencen a la congregación de las Hermanas del Amor de Dios; es precisamente en este último país, donde las religiosas llevan a cabo el proyecto de levantar un instituto educativo en Lubango, a fin de acoger a cerca de 200 niños que necesitan del apoyo de la misión religiosa para continuar sus estudios.

Sin embargo, son varias las ciudades de la nación africana en donde las consagradas al Amor de Dios hacen vida su carisma, como Seles, Jamba Mineira, Luanda y Uíge; allí, las religiosas no sólo dedican su esfuerzo a servirle a los infantes, sino que también le brindan apoyo a las madres y a las mujeres que necesitan del impulso y el consuelo que sólo nace de Dios, el cual, en muchas ocasiones, se recibe a través del servicio de los misioneros.
«Nuestra misión principal es la educación y la promoción de la mujer en todas las partes del mundo donde sea más necesario», expresa sor Caridad.
Una historia de amor por la educación
El trabajo y esfuerzo que nace de la congregación, no resulta un suceso de mera actualidad, sino que se trata de una consecución de hechos que marcaron la historia de las hermanas desde la fundación de la comunidad religiosa en 1864.
La creación de la comunidad surgió a partir del deseo del venerable padre Jerónimo Mariano Usera, quien deseaba dar respuesta a lo que la congregación denomina como «el querer de Dios en los acontecimientos históricos»; luego de la exclaustración, Usera se dedicó a diversas labores como «párroco rural, profesor universitario en la Universidad Central, primer misionero católico en Guinea Española, párroco de Uceda, canónigo en Santiago de Cuba, deán de Puerto Rico y de La Habana».

Jerónimo fundó la congregación en Cuba al observar que «las mujeres que no tenían ningún derecho, ni siquiera para ir a la escuela, y tenían la obligación de educar a todos los hijos», narra la hermana Caridad a los medios vaticanos, quien, conmovida por los avances de la comunidad a lo largo de los años, recordó que el primer objetivo del venerable fundador fue: «abrir la posibilidad a las mujeres para que trabajaran, y fundó una tipografía, la primera tipografía para las mujeres. Después, se dedicó a acoger a sus hijos para que pudieran seguir ellas sus trabajos tranquilas […]. Entonces, pensó en fundar una congregación de mujeres que se dedicaran a la educación de los niños pobres».
«Nuestra finalidad principal, nuestro carisma, es mostrar, o mejor dicho, ser un signo del amor de Dios en el mundo a través de la enseñanza y de la evangelización, de la promoción de la mujer y de la juventud».

Voces de Esperanza para Angola
De la firme convicción del carisma de las Hermanas del Amor de Dios de extender la bondad y misericordia de Dios a través de la educación, nace el objetivo de levantar de los cimientos una escuela en Lubango, Angola, donde planean acoger a una media de 200 niños en situación de vulnerabilidad.

A este fin, realizaron un concierto de beneficiencia en la parroquia de Santa Maria della Salute, en Roma, Italia, donde contaron con la colaboración de los fieles que allí asisten, así como con la ayuda de la Associazione Lateranensis -APS-, dado que, los fondos de la congregación, aunque les permite brindarles alimentos y insumos a los niños, no suficientes para cubrir todos los gastos de la construcción.
«Nuestro lema es: “Educar… nuestra forma de educar es el amor”. Por lo tanto, queremos que en todas nuestras escuelas reine la paz, la alegría, el sentido del trabajo y el amor».
Crédito de la nota: Vatican News.

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