El Papa pide en especial por los niños que sufren

vaticannews.va

13/04/20

En su homilía del Domingo 12 de abril, el Papa señaló que Jesús Resucitado es el verdadero «contagio» de esperanza y dijo que no se trata de una fórmula mágica que hace desaparecer los problemas, sino que los ilumina «al transformar el mal en bien, signo distintivo del poder de Dios».

Asimismo, invitó a mirar al Resucitado, para «que sane las heridas de la humanidad desolada». En esta situación de coronavirus, hizo presente a los enfermos, a los que han fallecido y a las familias que lloran la muerte de sus seres queridos: «que el Señor de la vida dé consuelo y esperanza a quienes aún atraviesan la prueba, especialmente a los ancianos y personas que están solas…».

El Papa recordó al personal sanitario, a las autoridades y a quienes trabajan en los servicios esenciales; se sintió cercano con quienes temen perder su trabajo y los efectos que esto implica; también invitó a trabajar por los más débiles: «No es tiempo de indiferencia, porque el mundo entero está sufriendo y debe estar unido para afrontar la pandemia. Que Jesús resucitado conceda esperanza a todos los pobres, a quienes viven en las periferias, a los prófugos y a los que no tienen hogar. Que estos hermanos y hermanas no se sientan solos».

Francisco recordó lugares del mundo donde hay crisis humanitarias, y pidió que Jesús «reconforte el corazón de tantas personas refugiadas y desplazadas a causa de guerras, sequías y carestías. Que proteja a los numerosos migrantes y refugiados –muchos de ellos, niños– que viven en condiciones insoportables, especialmente en Libia y en la frontera entre Grecia y Turquía». 

De igual forma, el Obispo de Roma pidió enfrentar los desafíos de la pandemia y las crisis económicas con unidad, solidaridad e innovación, como alternativas para rechazar el egoísmo.

Finalizó su mensaje diciendo: «Las palabras que realmente queremos escuchar en este tiempo no son indiferencia, egoísmo, división y olvido. ¡Queremos suprimirlas para siempre! Esas palabras pareciera que prevalecen cuando en nosotros triunfa el miedo y la muerte; es decir, cuando no dejamos que sea el Señor Jesús quien triunfe en nuestro corazón y en nuestra vida. Que Él, que ya venció a la muerte y nos abrió el camino de la salvación eterna, disipe las tinieblas de nuestra pobre humanidad y nos introduzca en su día glorioso que no conoce ocaso».

Fuente: vaticannews.va

 

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