«De la inquietud, al martirio»

Felipe de las Casas Martínez nació en la Ciudad de México (Nueva España) en 1572 de padres españoles (Alfonso de Las Casas y Antonia Martínez). Fue el mayor de once hermanos, de los que tres siguieron la vida religiosa. Se dice que Felipe era travieso e inquieto de niño. Estudió gramática en el colegio de San Pedro y San Pablo de la ciudad de México, dirigido por los jesuitas.

A los 21 años se fue a Manila, capital de las islas Filipinas, a donde había ido en busca de aventura. Ahí decidió ingresar a la Orden de los Franciscanos y escogió el nombre Felipe de Jesús. Un año más tarde hizo su profesión religiosa. Tres años después, cuando se acercaba el tiempo de su ordenación, el 12 de julio de 1596, partió rumbo a México en barco. El viaje desde allá era una aventura peligrosa y podía durar hasta siete u ocho meses. El barco en el que iba Felipe estuvo a punto de naufragar. Durante un mes la nave estuvo a la deriva hasta que fue a dar a las costas del Japón.

Pasaron varios meses, y el 30 de diciembre de ese año todos los frailes fueron hechos prisioneros junto con un grupo de cristianos japoneses. El 5 de febrero de 1597, luego de una larga caminata desde Tokio a Nagasaki, Felipe y sus 26 compañeros murieron martirizados. Felipe murió repitiendo el nombre de Jesús. Fue beatificado, junto con sus compañeros, el 14 de septiembre de 1627 y canonizado el 8 de julio de 1862.

El testimonio de este santo mexicano nos recuerda el amor infinito del Padre, y que, aunque seamos inquietos, siempre hay tiempo para crecer en el llamado a la vida de fe y a la misión.

Con información de catholic.net, La Redacción

Crédito Foto: Alberto González

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