28 noviembre, 2022

La vocación es un misterio: compartir la Palabra de Dios con quienes nunca la han escuchado

La sencillez y la amabilidad, el sentido de pertenencia y, sobre todo, la forma de acoger a la gente, de escucharla y de confiar en ella son algunas de las características que han inspirado a un joven misionero a unirse a los combonianos.

Tap Simon Yomkueyes un misionero comboniano de Sudán del Sur que hizo sus primeros votos religiosos el 23 de mayo de 2020. «¿Por qué decidí hacerme comboniano? La vocación es un misterio», explica.

«Siempre percibí de los combonianos que conocí en mi parroquia de Bahry, un elemento de igualdad, nadie se consideraba más grande que los demás, y esto me motivó a unirme a ellos. Mi sueño es compartir la Palabra de Dios con aquellos que aún no han tenido la oportunidad de escucharla. Llegar a los que están abandonados y repudiados, como los que viven en los barrios marginales. Debemos ayudarles a resolver su condición de abandono y a enfrentarse a quienes pretenden aislarlos de la sociedad. La gente debe entender que todos somos iguales, aunque con diferentes talentos. La única diferencia es cómo los utilizamos. Los que se consideran superiores a los demás deben entender que Dios está detrás de su éxito».

Simon, el primero a la izquierda, durante la visita del Superior General, P. Tesfaye MCCJ, al Postulantado de Nairobi, 2018.
Crédito: Simon Yomkuey.

«Durante estos años -continúa el misionero- he aprendido a convivir con personas de diferentes orígenes, culturas e ideas. También he aprendido mucho de sus sacrificios. Cuando pienso en nuestro fundador Daniel Comboni, puedo percibir su pasión por llevar la Palabra de Dios a quienes nunca habían oído hablar de él; se sacrificaba mucho y se ponía en el lugar de los demás».

En Juba, Simon conoció al padre Luigi Okot, provincial comboniano de Sudán del Sur, quien lo involucró en un programa de un año de duración llamado «Ven y verás», durante el cual, cada último sábado del mes, se reunían con muchos aspirantes, chicos y chicas, en la casa provincial.

«Nos hablaban de las vocaciones, proporcionando folletos sobre la vida de Comboni y otros materiales. Después de un año, en 2014, fui admitido al pre-postulantado de seis meses, seguido de una experiencia parroquial. Luego me trasladé a Nairobi para el postulantado, donde hice un curso filosófico de tres años, seguido de un noviciado de dos años en Namugongo, Uganda. Después del noviciado, me destinaron al escolasticado en Pietermaritzburg, Sudáfrica. No pude visitar a mi familia -no los veía desde 2018- porque Uganda estaba bajo el bloqueo del Covid. Mientras esperaba, aproveché para quedarme en la comunidad comboniana que asiste a los desplazados de Sudán del Sur en Uganda. Cuando por fin se abrieron las fronteras, volví a Juba y, antes de que Sudáfrica pudiera volver a cerrarlas de nuevo, entré en el país».

Crédito de la nota: Agencia Fides.