13 julio, 2024

«La verdad los hará libres»

Por: Miguel Álvarez Espinoza, aspirante comboniano

Hola, me llamo Miguel Ángel, curso el segundo año de bachillerato en el aspirantado comboniano de Sahuayo. Soy originario de Santiago Tangamandapio, Michoacán. Les comparto una reflexión sobre mi experiencia en misiones.

En Semana Santa puede sentir la presencia de Dios en las personas. Este año, los seminaristas tuvimos la oportunidad de participar, acompañar y ayudar a las comunidades de Zacatecas y Durango para, juntos, crecer y fortalecer la fe. Nuestras expectativas fueron superadas, mi experiencia misionera estuvo acompañada de bellos momentos, los cuales he llamado: «Te encontré», «Me hablaste» y «La verdad me liberó».

«¡Te encontré!»

Es una expresión que surgió en los primeros días al llegar a la comunidad a la que acompañaría durante dicha semana. Identifiqué la presencia de Jesús que salía a mi encuentro a través de las necesidades de las personas que me demostraron su amabilidad, hospitalidad y disposición para recibir a «los misioneros».

Sin duda, este primer acercamiento de Jesús por medio de las personas, me dejó atónito y desconcertado. Alguien se acercó a decirme: «¡secuestraron a mi hijo!» Me contó cómo ocurrió y me dijo: «¡Pida por las personas que le hicieron daño!» Esa frase me hizo ver la verdadera misericordia de Dios y me cuestioné: ¿Qué tanto perdono? ¿Quién soy yo para no perdonar? ¿Dios me perdona?

«Me hablaste»

A Jesús es posible escucharlo en lo ordinario y así lo escuché en las misiones. Jesús pasó, pasa y seguirá pasando por la puerta de nuestra vida; toca y espera; a nosotros nos corresponde aceptarlo o dejar que siga su camino. Lamentablemente, en nuestra vida como cristianos, caminamos esperando un acontecimiento extraordinario, cuando lo que realmente necesitamos es aprender a ver y escuchar al hermano, pues ahí es donde Jesús está realmente presente: en sus penas, sus pecados, sus preocupaciones, sus limitaciones.

En esta Semana Santa, también me habló Jesús a través de la gente y me dijo: «¡Aquí estoy!» El Jueves Santo visité a un matrimonio, y me dijo que no va a la iglesia porque «las personas más allegadas nos dicen que no somos dignos». Su comentario me dolió y me pregunté: «¿Qué me limita acercarme a Jesús? ¿A quién le impido relacionarse con Jesús?». Al terminar la charla invité a esa familia, al lavatorio de los pies, a la hora santa comunitaria y al convivio. Ese día pude constatar la voz de Jesús en la gente que necesita saber que Él es alimento para justos y, principalmente, para pecadores.

«¡La verdad me liberó!»

Cómo olvidar aquella conversación del martes en la que abordamos con los adultos la frase de san Juan: «La verdad los hará libres». Fui testigo de que, cuando escuchamos y practicamos la verdad, somos capaces de liberarnos de grandes y pesadas cargas. Al llegar a la comunidad de Ranchos de Abajo identificamos los problemas que tienen ahí las familias.

De último momento, cambié muchas de las actividades que llevaba planeadas porque Jesús «me habló en las necesidades del prójimo». Así comencé una dinámica para sanar y perdonar cosas que causaban daño en las familias. El Señor se quedó, murió y resucitó en los corazones de esas hermosas personas que me recibieron y que me dejaron crecer con ellos en la fe. Mi misión en la bella comunidad de Ranchos de Abajo fue «una mirada de Jesús hacia mí a través de los hermanos».

Agradezco a dicha comunidad que me recibió. Juntos, vimos que Jesús realmente camina con nosotros; sólo basta girar nuestra mirada hacia las personas que cada día pasan frente a nosotros. No olvidemos que «la verdad nos hará libres» y sólo en ella podremos encontrar la forma de acercarnos más a Jesús, que tan desesperadamente llama a nuestro corazón.

Comunidad de Ranchos de Abajo, los llevaré en el corazón, porque encontré a Jesús cuando más lo buscaba.