En 1670, el obispo Pierre Lambert de La Motte, fundador de las Amantes de la Santa Cruz, señaló entre las principales tareas de las hermanas la de “enseñar a las mujeres lo que deben saber” (Regla inicial, capítulo III: Los deberes de la Congregación). Más de 350 años después, las Constituciones reafirman que “las hermanas se dedican ante todo, con espíritu de gratuidad, al servicio de las mujeres y de los jóvenes en la educación, la asistencia social, la sanidad y la formación moral y religiosa” (Constituciones de las Amantes de la Santa Cruz, artículo 4).
Fieles a estas enseñanzas, las hermanas organizaron en junio un programa de tres semanas al que asistieron casi un centenar de chicas procedentes de las parroquias de la archidiócesis de Hanói y de otras diócesis. El itinerario les permite profundizar en la fe y cultivar virtudes que les ayudarán en la vida familiar, en la Iglesia y en la sociedad.
Las virtudes femeninas en Vietnam
La tradición cultural vietnamita atribuye a las mujeres cuatro virtudes: “công” (diligencia), “dung” (cuidado de la apariencia), “ngôn” (buen uso de la palabra) y “hạnh” (conducta moral). En el programa de verano, las hermanas no se limitan a preservar su significado tradicional: las releen a la luz del Evangelio, para acompañar a las chicas a convertirse en cristianas maduras, ciudadanas responsables y futuras guías en la Iglesia. Según la tradición confuciana, el “công” exige que una mujer sepa coser y cocinar, cuide de su marido y de su familia y mantenga la casa limpia y ordenada. Las hermanas amplían el significado de esta virtud ayudando a las chicas a adquirir habilidades prácticas, artísticas y litúrgicas: desde la cocina hasta la composición floral, pasando por la dirección del coro, la música, la danza y las artes. Son competencias que les ayudan a madurar y a ponerse al servicio de la parroquia y de la Iglesia, asumiendo también cargos de responsabilidad.

Entre el alma y el espíritu
En la concepción tradicional vietnamita, “dung” se refiere a la belleza exterior, la modestia, los buenos modales y la gracia. En la lectura cristiana propuesta por las hermanas, en cambio, lo central es la belleza interior y la dignidad de la persona: la belleza del alma y del espíritu. Esta virtud anima a las niñas a vivir con humildad, a sacrificarse por los demás, a practicar la caridad, a cultivar la inteligencia y el ingenio, a ser generosas, a actuar por la paz y la justicia y a pensar en el bien de los demás. Las hermanas no afirman que el aspecto exterior sea irrelevante, sino que destacan la belleza interior, para que las jóvenes puedan mostrar a través de sus obras el rostro de Dios y de la Iglesia. El “ngôn” se expresa tradicionalmente de una manera de hablar amable, respetuosa y educada. Las palabras que usamos a diario desempeñan un papel importante en el intercambio de información y en las relaciones. El programa de verano profundiza en esta virtud a la luz de la enseñanza de la Iglesia: hablar de forma adecuada significa usar la propia voz para decir la verdad, anunciar la Buena Nueva, promover la paz y la justicia, invitar a la caridad y defender a las personas marginadas. Para ayudar a las chicas a hacerlo, las hermanas las entrenan para hablar en público, desarrollar el pensamiento crítico, comunicarse, dialogar con respeto y escuchar. También las preparan para utilizar los espacios digitales como herramientas de evangelización, en lugar de como lugares donde criticar a los demás.
Una llamada a seguir a Cristo
En la sociedad vietnamita, una mujer virtuosa tradicionalmente manifiesta Hạnh siendo una esposa fiel y una buena madre. Las hermanas, en cambio, interpretan esta virtud como una llamada a seguir a Cristo, a liderar poniéndose al servicio de los demás y a aspirar a la santidad. Por lo tanto, animan a las jóvenes a profundizar en su fe a través de la oración, la participación en la misa, la meditación de la Palabra de Dios y las visitas a los lugares relacionados con los mártires vietnamitas. La conducta moral, explican, debe tener raíces espirituales y expresarse en el respeto y el cuidado de los padres, en el amor a la Iglesia, en la vida como discípulas y en la atención a los necesitados.

A la luz del Evangelio
A través del programa de verano, las hermanas ayudan a las chicas a vivir las cuatro virtudes femeninas de forma más amplia y profunda, a la luz del Evangelio. Las virtudes las preparan para la vida familiar, pero también las forman como cristianas capaces de colaborar con los demás al servicio de las personas y de la Iglesia. Al finalizar el recorrido, las chicas se llevaron consigo nuevos conocimientos y la alegría de poder seguir aprendiendo y dando testimonio del amor de Dios en la familia, en la parroquia y en la escuela. La experiencia de las Amantes de la Santa Cruz muestra cómo la evangelización puede transformar la cultura desde dentro, permitiendo que el Evangelio eche raíces en la tradición. Al releer las virtudes femeninas vietnamitas a la luz del Evangelio, las hermanas preparan a las jóvenes para que sean buenas hijas, esposas y madres, pero también cristianas capaces de guiar sirviendo a los demás y de participar activamente en la vida y la misión de la Iglesia, sea cual sea la vocación a la que Dios las llame.

Crédito de la nota: Vatican News.

Más historias
Un robot que interpreta la lengua de signos
Hermanas del Amor de Dios: Misioneras que extienden la esperanza en África
La música que abre los corazones a Dios: la misión a través de la belleza