Los panes se multiplican entre los pobres gracias a los jóvenes

El movimiento juvenil “Liberarse en Jesús” fue ideado por el sacerdote Joaquín Giangreco y puesto a prueba por la pandemia de Covid-19, por la cual se tuvo que multiplicar el reparto de los panes horneados en la iglesia Nuestra Señora de Itatí, ubicada en Villa Trujui, de la cuidad de Moreno de la provincia de Buenos Aires, Argentina, donde viven más de 700 mil personas, en su mayoría pobres.

El padre Giangreco es misionero desde hace cuatro años en la localidad, pero antes estuvo durante seis años en la provincia de Santiago del Estero (allí no llega la energía eléctrica, el agua potable ni el gas natural), donde construyó radios comunitarias. Tan ligado se encuentra este cura al papa Francisco, que lo entrevistó por teléfono dos veces, primero en el 2014 y luego en 2015.

Giangreco, o “el tano” para los más cercanos, fue ordenado por el entonces arzobispo Jorge Bergoglio quien lo designó capellán del club de fútbol que ambos siguen, el San Lorenzo.

El hambre creció con la pandemia, según cuentan las cocineras de la parroquia, Mirta, Miriam y Mariana, que cocinan en inmensas ollas para dar de comer a unas 900 personas.

Pero, en la desesperanza, la comunidad católica en Villa Trujui no se desanimó. Lo vemos en Nahuel, dirigente de los jóvenes del movimiento, que une a toda la juventud de las distintas capillas de la zona.

Nahuel está estudiando Educación Física, y junto a varios jóvenes, con el acompañamiento del seminarista Esteban, fabrica pan para cinco cocinas populares en la zona.

“La iglesia es tu barrio” es el título de cartel que cuelga a la entrada de la cocina en este merendero llamado San Cayetano. Un montón de fotos rodean el anuncio para explicar que allí se hace el pan para los comedores.

Mientras se van pasando la harina, las jarras con agua, la mantequilla y la levadura, van charlando de diversos temas, como el fútbol, la pasión deportiva que moviliza multitudes en Argentina.

Antes de la pandemia llegaron a juntarse hasta 300 jóvenes. Antes se reunían para conocer la palabra de Dios y coordinar todas las acciones entre todas las capillas, pero las reuniones ahora están prohibidas por el coronavirus. 

Pero, la cruda realidad no anula la esperanza. Es más, al otro día de haber hecho el pan, a las 7.30 de la mañana lo están distribuyendo ellos mismos entre los hambrientos de Villa Trujui.

Fuente de la nota: Vatican News.

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