28 mayo, 2024

El seminario destruido que se convirtió en un frente de esperanza

Un año después del comienzo de la guerra en Ucrania, el padre Ruslan Mykhalkiv recuerda los bombardeos y saqueos en el centro que dirige en Vorzel: «Sentimos la humillación de la impotencia, pero también nos dimos cuenta de que todavía hay mucho bien a nuestro alrededor».

«Fue una experiencia dramática que nos hizo descubrir nuestra fragilidad y borró por completo nuestra dignidad de hombres». El padre Ruslan Mykhalkiv es rector del seminario católico de Vorzel, un pequeño centro urbano de Ucrania, a poco más de cinco kilómetros de la ciudad de Bucha, convertida en símbolo de la locura de la guerra con cientos de hombres, mujeres e incluso niños que fueron víctimas de la guerra.

Un recuerdo indeleble

Un año después del comienzo de la invasión rusa, el padre Mykhalkiv aún tiene en sus ojos las vívidas y terribles imágenes de su seminario dos veces alcanzado por la furia de los misiles que lo destruyeron casi por completo. De hecho recuerda:

«En aquellos momentos experimentamos de primera mano la humillación de los que no pueden hacer nada. Pero, en el fondo, también redescubrimos una verdad profunda: la completa desnudez del hombre a pesar de la falsa seguridad que intenta conquistar en su propia vida».

«Paradójicamente, todo este mal también ha puesto de relieve el mucho bien que existe a nuestro alrededor, como los innumerables actos de caridad y las infinitas oraciones de la Iglesia».

Nadie ha huido

El seminario de Vorzel, que tras ser bombardeado también sufrió varios saqueos por parte de civiles y soldados, se ha convertido ahora en un emblema de esperanza, porque el rector y sus hermanos no huyeron ante la violencia, sino que siguieron asistiendo a los fieles y a la población llevándoles ayuda humanitaria y palabras de consuelo. Dice el rector: «Sentimos la cercanía de Dios cada vez más fuerte».

«Nuestra esperanza no se derrumba»

«Una de las primeras ayudas que organizamos fue la distribución de paquetes de comida y ropa porque, incluso con el regreso de estas zonas bajo control ucraniano, todas las tiendas estaban cerradas».

«La gente estaba contenta porque percibía la presencia del amor de los demás. Aún hoy, nuestra esperanza no se derrumba: sentimos la cercanía de Dios cada vez más fuerte», concluyó.

Crédito de la nota: Vatican News.