25 febrero, 2024

«La balita»

Les contaré un testimonio de mi apostolado que llamé «La balita», porque durante un sábado en el que íbamos a dar catequesis en la comunidad de La Barranca, en Sahuayo, Michoacán, encontré una pequeña bala, y eso me recordó lo que se vive aquí.

Por: Jorge Damián Diego, seminarista comboniano

Cada sábado, después de comer y de limpiar la casa, realizamos una larga caminata para llegar a La Barranca, donde acudimos en equipo a dar catequesis. Me preparo con mi guitarra y los cantos para la misa. Les contaré sobre el día que encontré esa balita.

Comencé a caminar pensando en cuántos niños irían o si las personas de la comunidad se encontrarían bien, porque es una zona un poco peligrosa. Yo sabía que Sahuayo era un lugar muy peligroso, luego me enteré que aquí es «normal» escuchar balaceras.

Seguimos caminando. Llegamos a una calle llamada «Rincón de Don Bosco», una calle tan larga que parece que no tener fin. Ese día el sol estaba en su máximo esplendor y no había nubes en el cielo, al menos unos cuantos pinos nos cubrían un poco. Junto con mi equipo recordábamos los cantos que entonaríamos durante la misa para estar a tono y entrar a tiempo.

A la mitad de la calle y debido al cansancio, un compañero comenzó a quedarse atrás; le dimos ánimos y lo esperamos. Hay un puente al final de la calle, donde casi siempre corremos porque sólo es para automóviles y los peatones tenemos un pequeño espacio sin protección de los autos. Al acabar el puente, hay un campo de futbol y del otro lado un arroyo. Más adelante había unas personas bebiendo alcohol y escuchando música a todo volumen, mientras niños y jóvenes ven tomar a sus papás.

Luego sigue una calle sin árboles por lo que caminas bajo el sol ardiente y sólo piensa uno en llegar. Ciertamente la caminata nos sirve de ejercicio, pero el sol quema tanto, que uno sólo desea llegar.

Después, continuamos por la avenida San Andrés y llegamos a la comunidad Flor del Agua, ahí se queda otro grupo de seminaristas, pero aún falta mucho para la comunidad a donde estamos asignados. Seguimos caminando y ya se ven los cerros; recuerdo que hace unas semanas quemaron un auto por esta zona de La Barranca.

Apenas vamos a la mitad del camino en este punto. Aquí nos encontramos a unos perros que siempre nos ladran. A otro compañero le dan miedo, y por ello se esconde entre nosotros. Metros adelante, se ve a lo lejos la capilla de La Barranca y todos recobramos fuerza para seguir adelante pensando en las personas que nos esperan y en los niños que recibirán la catequesis.

Llegamos y siempre nos esperan Evelin y sus hermanos Joel y Daniel, tres niños muy entusiastas que son muy puntuales. Daniel y Evelin tienen 9 años, y Joel tiene 6, y mientras llegan los demás niños jugamos con ellos para que no se aburran. Yo les doy el tema de «Los mandamientos».

La catequesis es media hora antes de la misa y media hora después de concluirla, así que tratamos de aprovechar al máximo el tiempo. Impartimos los temas de forma dinámica, con preguntas y juegos para captar su atención.

Durante la misa, saco la guitarra y entonamos cantos alegres. Cuando llegué a Sahuayo descubrí muchos cantos muy animados. La misa es un momento muy importante en este apostolado porque es la fuente de nuestra fe y de lo que queremos transmitir a los niños y personas que nos acompañan cada sábado.

Al terminar la misa seguimos con la catequesis media hora más, por lo que hacemos dinámicas, bailes y les preguntamos a los niños lo aprendido. Al concluir, nos despedimos de ellos y, justo cuando guardaba mis cosas, encontré esa balita que me recuerda lo que vive la gente en Sahuayo.