25 abril, 2024

Una nueva experiencia

El seminario está lleno de retos que diariamente deben afrontarse; se podría decir que esto es parte de la labor misionera que se lleva a cabo y que deja marca en cada vida de quien pasa por este lugar.

Por: Gabriel Rivas Vázquez, seminarista comboniano

Hoy hablaré sobre una actividad especial y esencial para la formación de todo seminarista que se prepara para ir de misión algún día: el apostolado. «¿Qué es esto?», se preguntarán; para mí consiste en la tarea de ir a contagiar el amor de Cristo a distintas comunidades cristianas, siempre con el carisma misionero al estilo de san Daniel Comboni.

El apostolado es una labor hermosa en toda la extensión de la palabra; significa ir convivir con distintas personas y dejar algún conocimiento o consejo. Implica también conocer las tradiciones y costumbres, y acercarnos a los niños, pues en el seminario nuestro apostolado está dirigido principalmente a los más pequeños para acercarlos al amor a Cristo por medio de temas impartidos una vez a la semana.

Fue una hermosa experiencia para mí, pues gracias a eso, mejoré para servir a mi comunidad. Con el amor de Cristo nada es imposible. Aún recuerdo que con la pandemia el apostolado estuvo cerrado por casi tres años, por eso me siento orgulloso de que nuestro grupo de seminaristas lograra reanimar esta actividad.

Cuando el padre formador nos informó sobre lo que haríamos en distintas comunidades, que son La Barranca y Flor del Agua, me sentí un poco nervioso por no haber dado nunca temas para niños; algunos compañeros me aseguraban que la experiencia sería bonita y me sentí muy animado cuando se formaron los equipos.

El párroco y el formador nos presentaron a la comunidad durante la misa; me di cuenta de que las personas caminaban mucho o viajaban en camioneta para asistir al pequeño, pero hermoso y bien cuidado templo. Después de la eucaristía y la presentación, la respuesta de la gente fue muy positiva, pues conocí algunos niños con los que jugaría más tarde.

A partir de esa experiencia, me sentí muy emocionado por estar en algo nuevo y por el recibimiento de la gente. Esto me motivó a seguir adelante sin importar los retos, y recordé las palabras del papa Francisco: «Ustedes trabajen por la verdadera esperanza cristiana, que busca el Reino escatológico, que siempre genera historia. Compartan su esperanza allá en donde se encuentren, para alentar, consolar, confortar y reanimar. Abran futuro, susciten posibilidades, generen alternativas, ayuden a pensar y actuar de un modo diverso».

El apostolado conlleva retos importantes, uno de ellos fue impartir mi primer tema a los niños, un público difícil, pero inocente y con muchas ganas de aprender. Recuerdo bien ese día, el tema fue bueno, pero no tanto, porque los vi atentos, pero confundidos. En ese momento pude experimentar el amor de Dios diciéndome: «Aquí estoy contigo, no te desanimes». Doy gracias por ser un maestro para el futuro de nuestra Iglesia.

Hoy me siento gustoso por ir a dar doctrina a pesar de que antes no me llamaba la atención, pero siempre debemos estar abiertos a nuevas vivencias y ésta ha sido una de las más bonitas: con los mejores cansancios, mejores experiencias en equipo y las más grandes carcajadas, además aprendí que, con pasión por lo que haces, no hay nada que no se logre.

Sin duda, esto es algo que marcó mi vida para siempre. Otros misioneros me han dicho: «Es sólo el comienzo de una gran historia, y que a través del tiempo se vuelve más bonita, más grande; pasa de dar una doctrina a niños a darla a un pueblo entero».

El apostolado es el camino para seguir a Jesús y predicar su Evangelio, pero no es un sendero sin espinas ni tropiezos, sino que conlleva lo suyo.

Agradezco a Dios esta experiencia para continuar mi recorrido con Cristo día con día, paso a paso, sin ver hacia atrás; siempre con un objetivo específico en la mira. Los invito a acercarse a Dios para que puedan experimentar con mayor profundidad el amor de Cristo en las personas y en las pequeñas cosas que dan sentido a nuestras vidas. Salgamos un rato de la tecnología y charlemos con Cristo, que sigue ahí afuera, con la gente; abramos paso al bienestar de nuestra espiritualidad joven.